Hasta hace un par de años, yo vivía al lado de la oficina del instituto donde trabajo. Esta casa era de construcción de los años 30, muy grande, con enormes patios e inmenso antejardín. Me había sido cedida casi gratuitamente hasta ser demolida. Como ese era su destino, jamás me preocupé por hacerle mejoras. Su aspecto era propio de una casa abandonada, a pesar que con mi esposa manteníamos siempre limpio y regado el antejardín.
Antes que yo llegara, era habitual tener que perseguir delincuentes que en esta casa pernoctaban. Posterior a mi llegada, tuve que tomar diversas precauciones: mantener la escopeta cargada y siempre tener focos alumbrando al exterior. Tuve que instalar radiotransmisores en la casa y en mi oficina para tener siempre a mi esposa en contacto. Algunas noches escuchamos personas saltar la reja y entrar al patio. No fueron pocas las veces en que tuve que salir con escopeta en mano a disparar al aire para ahuyentar a los ladrones. Inclusive, un día sábado en la tarde yo me encontraba en la oficina, mi esposa me llamó por radio muy asustada diciéndome que había una persona forzando la puerta de entrada trasera a la casa.
Luego comenzó la construcción de la ampliación del instituto, y se me ofreció seguir usando la casa. Parecía zona de guerra: escombros hasta la altura de las ventanas, tierra por todas partes, el antejardín lleno de ladrillos y decenas de carretillas en el patio trasero. Ahí comenzó un deambular todas las noches de delincuentes que entraban a robarse carretillas. Imaginen lo que es estar durmiendo, sentir ruidos (además de los propios de la casa por penaduras, aunque eso lo contaré en otra ocasión) y ver a algún patán saltando la reja con palas y carretillas. Obviamente el auto lo tenía que guardar a 1 cuadra de distancia, ya no podía quedar en medio de la construcción.
Una noche compramos comida china. Como había que guardar el auto lejos, preferí dejarlo en el antejardín mientras comíamos. Apenas me senté a la mesa, comenzó a sonar la alarma del auto. Mi esposa fue a mirar y me grita “¡rompieron una ventana del auto!”. Yo emputecido fui a mirar y comprobé que habían roto una ventana y robado un parlante. Me devolví, tomé la escopeta y fui tras los animales.
Recorrí desde el paradero 34 hasta el 31 de Gran Avenida, y de vuelta hasta el paradero 36. Cuando iba llegando a la casa, el guardia del colegio de la esquina me hace gestos para que me detenga. “Yo los ví, y arrancaron por la calle X hacia adentro”. “¿los reconocerías?” – “SI” – “Vamos a pillarlos entonces”.
Este guardia salió con su auto y yo le seguí. De pronto se detuvo en una plaza y apuntó con su mano a un par de huevones. Yo me bajé del auto y corriendo hacia ellos los apunté: “¡Al suelo mierda!”. ¡Que se hayan parado y uno de ellos tomó el cañón de la escopeta con su mano desviándolo hacia un lado!
Tuve que retroceder para, zafar el cañón de su mano, y disparar al aire. “¡Al suelo te estoy diciendo, %$&·#!”
Se me escapó uno. Salí tras de él. Lo tuve en la mira. Le pude haber disparado por la espalda, y como sabía que lo que estaba haciendo ya era ilegal, disparle por la espalda a un pato malo no me habría ayudado en nada. “¡ALTO!” y dos disparos más al aire. Corría como liebre...
Me doy vuelta y el otro pato malo corría en sentido opuesto. Me subí al auto y lo alcancé en la siguiente esquina. Justo aparece un auto negro con 5 jóvenes. El ladrón se pone delante de otro auto y les hace señas: “¡me quieren matar!, ¡me quieren matar!”. Los jóvenes se bajan del auto, y hacen una especie de cortina humana para protegerlo. Me bajé del auto (con escopeta en mano) y les digo “ese huevón es pato malo, me acaba de robar, miren el auto”. En eso uno de los jóvenes me reconoce: “pero si Ud. es del instituto”.
Mala idea del ladrón. Ya a esa altura éramos 7 en contra de 1. Los jóvenes que habían salido por carrete, se habían convertido en pateadores profesionales. A punta de patadas metimos al ladrón a la maleta de mi auto.
“¿Qué vas a hacer con él?” Como había disparado al aire en la calle, ya no podía ir a los pacos.
“Lo voy a matar y lo botaré a un canal” Dicho esto, me fui.
Desde dentro del auto el ladrón me trataba de convencer que lo dejara ir: “oiga, yo no tengo su parlante, se lo llevó mi socio. Yo sé donde vive, si quiere vamos pa’llá”
“¡cállate mierda! te voy a matar y te voy a botar a un canal, no tienes idea de con quien te metiste”
“disculpe caballero, disculpe. Le prometo que nunca más...”
“claro que nunca más... los muertos no roban”
Y me lo llevé a Rinconada de Chena....
Cuando el auto entró al camino de tierra comenzó a vibrar, y este perico se puso a llorar desconsoladamente. Suplicaba que no lo matara. Al llegar al final de camino hay un canal y me detuve sobre el puente. Ahí abrí la maleta (desde dentro, no me atreví a salir del auto) y le dije que bajara. Por el retrovisor vi que el tipo levantó la tapa, el auto se levantó un poco (como cuando alguien desciende) y rápidamente el auto volvió a bajar y cerró la maleta.
“¡no me mate, por favor, se lo suplico!” Claro, salió del auto y vió el canal... se debe haber recagado de miedo.
“¡bájate huevón, sino te mato ahí mismo adentro... no quiero manchar el auto, así que te doy ventaja pa’ que arranquís...” Dicho esto abrí nuevamente la maleta. Vi por el retrovisor que el tipo corrió hacia el cerro, y yo salí también rápidamente (así con el impulso también cerré la maleta del auto).
NUNCA MÁS VOLVÍ A TENER PROBLEMAS CON LADRONES.
Mágicamente se acabaron los robos. Jamás se volvió a perder herramienta alguna.
viernes, julio 28, 2006
¡Flaites de mierda!
Publicadas por
Octavio Vasquez Reyes
a la/s
5:14 PM
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4 comentarios:
jajajaja la cagaste octavio Idolo!!!
Nicolas.
muy buena hisotria XD y de verdad te exediste un poquito con los tiros al aire, pero hoy en dia ya no se sabe q hacer, saludos
Estoy de acuerdo con Nicolas: OCTAVIO IDOLO!!! Que bueno que estas de parte de los buenos
Patricio
excelente relato......sinceramente..yo me habria echado al flaite de mierda...maldita lacra
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