Este domingo salí decidido a visitar a los abuelos de mi esposa, quienes viven el Las Cruces, y de vez en cuando llaman para no sentirse tan solos.
Estaba consciente que el regreso sería complicado por el feriado de semana santa. No importa! Un verdadero biker no se amilana ante un tráfico congestionado.
Salí a las 13 hrs. Primera parada: cigarros. Me aseguré con 2 paquetes de Philip Morris (casi augurando lo que ocurriría). La segunda parada, media hora después, fue en la Copec de la Autopista del Sol. Cargué bencina, prendí el primer cigarrillo estando a la sombra del único árbol que la brindaba. Sentado sobre ripio, admiré mi montura (debo reconocer que es pintosa la motito), asumiendo que, tal vez, la dureza de las piedras no sería nada comparado con lo que me esperaba. Debía volver esa misma tarde, sin saber cuando tardaría el regreso. Mi antigua moto, una todoterreno dura como palo, dejaba mi trasero plano después de 100 kms.
Luego de beber un poco de agua, emprendí nuevamente el viaje a 100-120 k/hr, a la velocidad máxima permitida. El viento en contra me comenzó a complicar. Tuve que conformarme con ir a 95-100 k/hr, no porque la moto no pudiera más, sino porque este piloto no quiso pasar sustos cuando el viento se cruzaba y golpeaba de lado.
La carretera estuvo exquisita. Casi sin tráfico, y yo pasando de vez en cuando a algún auto más lento. Iba con mi chaqueta naranja casi reflectante, así que iba tranquilo, me sentí seguro.
Pasé el peaje ($500). Me detuve en la "zona típica", nuevamente a la sombra de un árbol. Llegaron 3 niños, de 10 años aprox, quienes sorprendidos por la moto preguntaron: "¿es suya?" Jajaja... -"Si, claro". "¿viene de santiago?", "¿cuanto corre?". Ahí me di cuenta que sería la oportunidad de hacer la buena obra del día: enseñar a los niños que las motos son bonitas, tentadoras, pero la única forma de hacerlas seguras es siendo consciente con la velocidad. Los aconsejé de lo importante que es respetar la velocidad máxima, de vestir adecuadamente, e incluso les repetí algo que leí en este foro: "no hay que vestirse para andar en moto, hay que vestirse para caerse en moto" (gracias Casi). "Ahhhhh...."
Al alejarse los niños, busqué mis cigarros. No estaban en ningún bolsillo. Afortunadamente compré 2 paquetes, así que, habiendo perdido 19 cigarrillos intactos, tuve que abrir la segunda cajetilla.
Llegué a la costa sin problema. Las cuestas fueron mucho más fáciles que con mi otra moto: no tuve que bajar cambios ni sobreexigir el motor. En 5ta subí el paso sepultura a 80 k/hr sin problema. Fue una buena decisión haber subido de cilindrada.
El regreso
Salí de las cruces, pretendiendo tomar el camino costero. Era imposible. La caravana era enorme. Debe haber comenzado en cartagena, y se debe haber extendido hasta algarrobo. No exagero. Esperé paciente a que se hicera un espacio para incorporarme, respetando a los demás conductores. Ví en ellos la expresión típica de molestos, arrepentidos, preocupados, tensos. Por mi seguridad preferí evitar esa ruta. Aunque pude haberme ido por sobre la línea blanca, no estaba dispuesto a ganarme un parte. Tomé el nuevo camino costero, aquel que va un par de kilómetros arriba, total, el peaje de las motos es barato. Pagué $550 y estuve en cartagena alto en 5 minutos. El paisaje valió los $550.
Ahora venía lo bueno. El empalme con la autopista del sol era un desastre. Nuevamente intenté comportarme como un caballero, ocupando una pista y respetando a los demás automovilistas. Luego de un par de minutos, de sentirme "caballero" pasé a sentirme "gil". Veía como otros pasaban por la izquierda, y al llegar al empalme "hechaban" el auto encima hasta colarse a la vía. Si ellos lo hacen, por qué no en mi moto que no molesto a nadie. Creo que todos quienes me vieron esperar pacientemente a a que la fila avanzara, comprendieron que mis movimientos no los perjudicarían. Pude avanzar sin problema entre los autos, levantando mi mano, en un gesto de agradecimiento, cada vez que movían levemente su vehículo para facilitarme el paso.
Mientras tomaba la curva para empalamar a la ruta 78, giré brevemente mi cabeza a la izquierda para ver el sol sobre el mar. El tono anaranjado característico del atardecer me inspiró para escabullirme entre los autos y probar que tanto puede correr mi moto.
Primera, segunda, tercera, cuarta y quinta. Ya iba a 80 k/hr en un par de segundos. Avancé rápidamente entre los autos, perdiéndome de aquellos quienes me permitieron el paso. Tomé la pista izquierda y aceleré hasta 140 k/hr. La moto comenzó a vibrar más de lo que percibo como seguro, así que bajé a 120 nuevamente, pero aún así iba jugando entre los autos. lástima que sea monocilíndrica.
El peaje de melipilla era un asco. Todo colapsado. Paré en la zona típica a estirar las piernas y fumarme un puchito. Nuevamente se acercaron otros niños, quienes solo sonreían y admiraban la moto. Seguí camino, respetando la posición de los autos hasta llegar a la caseta del peaje. Al avanzar, nuevamente todo detenido. Gente caminando entre los autos, pasajeros que se bajaban a estirar las piernas, choferes con puertas a medio abrir y medio cuerpo asomado por sobre el techo de su auto intentando comprender el por qué de la detención. Mujeres arreglándose los calzones a través de los vestidos, sonrojadas después de haber sido observadas por todos como orinaban a un costado del camino. Me armé de valor y comencé a avanzar entre los autos, muy despacio, atento a algún gesto que delatara la intención de abrir una puerta, o mover el auto para evitar mi paso.
Me sentí confiado. La moto había respondido bien, ya la sentía como una extensión de mi propio cuerpo, así que apliqué técnica de motoboy y comencé a pasar una mayor velocidad entre los autos. Se sentía agradable el salir de tal situación. Sentía lástima por esos pobres enlatados que debían mamarse el taco irremediablemente. Seguí así, sin mayores problemas, en su gran mayoría los automovilistas se separaban para facilitarme el paso, excepto por uno que otro enlatado que pretendía cerrarme la pasada, así que en esos casos esperaba que nuevamente el taco lo obligara a detenerse, y yo con tranquilidad lo pasaba.
Así mantuve mi desplazamiento zizagueante hasta poco antes del puente manuel rodriguez. Hubo dos accidentes múltiples en la carretera que producían el taco (que gente más copuchenta), así que aproveche de subir la velocidad a 120 k/hr, seguí zizagueando, pero a pesar de ir a una velocidad mucho mayor, la sensación ya no era tan adrenalínica como antes.
La moto respondió perfectamente en todo momento. El doble disco de freno delantero cumplió siempre que lo necesité, la caja de cambios "circular", aquella con la que cuando recién me entregaron la moto me confundí un par de veces, ahora se comportó de forma precisa y resultó ser muy cómoda.
Estaba consciente que el regreso sería complicado por el feriado de semana santa. No importa! Un verdadero biker no se amilana ante un tráfico congestionado.
Salí a las 13 hrs. Primera parada: cigarros. Me aseguré con 2 paquetes de Philip Morris (casi augurando lo que ocurriría). La segunda parada, media hora después, fue en la Copec de la Autopista del Sol. Cargué bencina, prendí el primer cigarrillo estando a la sombra del único árbol que la brindaba. Sentado sobre ripio, admiré mi montura (debo reconocer que es pintosa la motito), asumiendo que, tal vez, la dureza de las piedras no sería nada comparado con lo que me esperaba. Debía volver esa misma tarde, sin saber cuando tardaría el regreso. Mi antigua moto, una todoterreno dura como palo, dejaba mi trasero plano después de 100 kms.
Luego de beber un poco de agua, emprendí nuevamente el viaje a 100-120 k/hr, a la velocidad máxima permitida. El viento en contra me comenzó a complicar. Tuve que conformarme con ir a 95-100 k/hr, no porque la moto no pudiera más, sino porque este piloto no quiso pasar sustos cuando el viento se cruzaba y golpeaba de lado.
La carretera estuvo exquisita. Casi sin tráfico, y yo pasando de vez en cuando a algún auto más lento. Iba con mi chaqueta naranja casi reflectante, así que iba tranquilo, me sentí seguro.
Pasé el peaje ($500). Me detuve en la "zona típica", nuevamente a la sombra de un árbol. Llegaron 3 niños, de 10 años aprox, quienes sorprendidos por la moto preguntaron: "¿es suya?" Jajaja... -"Si, claro". "¿viene de santiago?", "¿cuanto corre?". Ahí me di cuenta que sería la oportunidad de hacer la buena obra del día: enseñar a los niños que las motos son bonitas, tentadoras, pero la única forma de hacerlas seguras es siendo consciente con la velocidad. Los aconsejé de lo importante que es respetar la velocidad máxima, de vestir adecuadamente, e incluso les repetí algo que leí en este foro: "no hay que vestirse para andar en moto, hay que vestirse para caerse en moto" (gracias Casi). "Ahhhhh...."
Al alejarse los niños, busqué mis cigarros. No estaban en ningún bolsillo. Afortunadamente compré 2 paquetes, así que, habiendo perdido 19 cigarrillos intactos, tuve que abrir la segunda cajetilla.
Llegué a la costa sin problema. Las cuestas fueron mucho más fáciles que con mi otra moto: no tuve que bajar cambios ni sobreexigir el motor. En 5ta subí el paso sepultura a 80 k/hr sin problema. Fue una buena decisión haber subido de cilindrada.
El regreso
Salí de las cruces, pretendiendo tomar el camino costero. Era imposible. La caravana era enorme. Debe haber comenzado en cartagena, y se debe haber extendido hasta algarrobo. No exagero. Esperé paciente a que se hicera un espacio para incorporarme, respetando a los demás conductores. Ví en ellos la expresión típica de molestos, arrepentidos, preocupados, tensos. Por mi seguridad preferí evitar esa ruta. Aunque pude haberme ido por sobre la línea blanca, no estaba dispuesto a ganarme un parte. Tomé el nuevo camino costero, aquel que va un par de kilómetros arriba, total, el peaje de las motos es barato. Pagué $550 y estuve en cartagena alto en 5 minutos. El paisaje valió los $550.
Ahora venía lo bueno. El empalme con la autopista del sol era un desastre. Nuevamente intenté comportarme como un caballero, ocupando una pista y respetando a los demás automovilistas. Luego de un par de minutos, de sentirme "caballero" pasé a sentirme "gil". Veía como otros pasaban por la izquierda, y al llegar al empalme "hechaban" el auto encima hasta colarse a la vía. Si ellos lo hacen, por qué no en mi moto que no molesto a nadie. Creo que todos quienes me vieron esperar pacientemente a a que la fila avanzara, comprendieron que mis movimientos no los perjudicarían. Pude avanzar sin problema entre los autos, levantando mi mano, en un gesto de agradecimiento, cada vez que movían levemente su vehículo para facilitarme el paso.
Mientras tomaba la curva para empalamar a la ruta 78, giré brevemente mi cabeza a la izquierda para ver el sol sobre el mar. El tono anaranjado característico del atardecer me inspiró para escabullirme entre los autos y probar que tanto puede correr mi moto.
Primera, segunda, tercera, cuarta y quinta. Ya iba a 80 k/hr en un par de segundos. Avancé rápidamente entre los autos, perdiéndome de aquellos quienes me permitieron el paso. Tomé la pista izquierda y aceleré hasta 140 k/hr. La moto comenzó a vibrar más de lo que percibo como seguro, así que bajé a 120 nuevamente, pero aún así iba jugando entre los autos. lástima que sea monocilíndrica.
El peaje de melipilla era un asco. Todo colapsado. Paré en la zona típica a estirar las piernas y fumarme un puchito. Nuevamente se acercaron otros niños, quienes solo sonreían y admiraban la moto. Seguí camino, respetando la posición de los autos hasta llegar a la caseta del peaje. Al avanzar, nuevamente todo detenido. Gente caminando entre los autos, pasajeros que se bajaban a estirar las piernas, choferes con puertas a medio abrir y medio cuerpo asomado por sobre el techo de su auto intentando comprender el por qué de la detención. Mujeres arreglándose los calzones a través de los vestidos, sonrojadas después de haber sido observadas por todos como orinaban a un costado del camino. Me armé de valor y comencé a avanzar entre los autos, muy despacio, atento a algún gesto que delatara la intención de abrir una puerta, o mover el auto para evitar mi paso.
Me sentí confiado. La moto había respondido bien, ya la sentía como una extensión de mi propio cuerpo, así que apliqué técnica de motoboy y comencé a pasar una mayor velocidad entre los autos. Se sentía agradable el salir de tal situación. Sentía lástima por esos pobres enlatados que debían mamarse el taco irremediablemente. Seguí así, sin mayores problemas, en su gran mayoría los automovilistas se separaban para facilitarme el paso, excepto por uno que otro enlatado que pretendía cerrarme la pasada, así que en esos casos esperaba que nuevamente el taco lo obligara a detenerse, y yo con tranquilidad lo pasaba.
Así mantuve mi desplazamiento zizagueante hasta poco antes del puente manuel rodriguez. Hubo dos accidentes múltiples en la carretera que producían el taco (que gente más copuchenta), así que aproveche de subir la velocidad a 120 k/hr, seguí zizagueando, pero a pesar de ir a una velocidad mucho mayor, la sensación ya no era tan adrenalínica como antes.
La moto respondió perfectamente en todo momento. El doble disco de freno delantero cumplió siempre que lo necesité, la caja de cambios "circular", aquella con la que cuando recién me entregaron la moto me confundí un par de veces, ahora se comportó de forma precisa y resultó ser muy cómoda.



0 comentarios:
Publicar un comentario