domingo, octubre 07, 2007

Rodaje a Curacaví

La ruta:


El objetivo: Rodaje.

Jorge, Pablo y yo tenemos que cumplir un ciclo de rodaje en nuestras nuevas motos. Aprovechando el buen tiempo y la grata compañía, decidimos ir a Curacaví por la cuesta Barriga. La ruta nos permitiría practicar curvas, algo de carretera, y principalmente conocer más a los nuevos corceles. El ritmo sería principalmente a 60 k/h, pero para dar un correcto rodaje al motor, habría que ir siempre variando la velocidad, e incluso ir "picando" en ocasiones la moto para soltar el motor. Así muchas veces tomamos curvas a 20 k/h, siendo fácilmente adelantados por los ciclistas que frecuentan la cuesta, en otras ocasiones pudimos exigir hasta los 90 k/h, siendo muy cuidadosos de efectuar esas aceleradas por espacios breves de tiempo. Lástima no haber podido exigir aún más los motores, pero hay que cuidar el rodaje.


Comienza la aventura

Domingo 7 de Octubre: Ya a las 10am estábamos todos quienes participaríamos de este viaje que prometía ser fome y aburrido. Verificamos la presión de neumáticos en nuestras motos. Llegó Claudio Silva en su Spitz Custom 150cc. Nos comentó que sentía un ruido extraño, así que Jorge comenzó a patear su moto para pillar el desperfecto: venía con el tubo de escape suelto, se habían caído las dos tuercas que unen el escape con el motor. Buscamos dos tuercas, las apretamos y comenzamos la travesía. Extraña forma de encontrar una pana.




En Calera de Tango el ruido reapareció. En el video se alcanza a escuchar el sonido característico de algo suelto.



Nos detuvimos para ver nuevamente el problema. Se habían caído los pernos que habíamos puesto hacía 20 minutos. Jorge y Claudio fueron los mecánicos en esta ocasión. La verdad es que yo no quise meter mano, puesto que en las últimas dos motos ajenas que he manipulado he tenido muy mala suerte. A Pablo le instalé la patente trasera con remaches pop y a Jorge le lubriqué la piola del embrague. Resultado: se extravió la patente y quebré el soporte de la manilla de embrague. Así que, de ahora en más, ahora evitaré andar metiendo mano en motos ajenas a menos que se me solicite expresamente. Conociéndome, creo que la promesa durará poco.


Pasamos a una Copec a cargar bencina. Le insistí a David que cargara, pero él muy convencido dijo que alcanzaba. Claro, yo dije que el recorrido sería de unos 70-80 kms en total.

Llegamos a Padre Hurtado. Fuimos en búsqueda de alguna ferretería o taller mecánico para conseguir nuevas tuercas para la Spitz de Claudio, y ojalá también golillas de presión. Jorge viró en la esquina y encontró inmediatamente una ferretería abierta donde tenían lo requerido. Mientras, Claudio buscaba algún alambre para afirmar algo el tubo de escape, golpeó su rodilla contra un trozo de riel de ferrocarril vertical escondido entre el pasto.




Luego de una hora aprox. a pleno sol, finalmente la Spitz Custom quedó en condiciones de seguir rodando.

Entramos a la cuesta barriga, que nos recibió con un paisaje verde y florido. Poco a poco los novatos fueron adquiriendo confianza con sus motocicletas y tomaban cada vez más con relajo cada una de las curvas.





En la cima de la cuesta aprovechamos de tomar algunas fotos espotáneas y también poseras -según se me requirió- para enviar a las amigas.

De derecha a izquierda: Claudio Antezana, Jorge Castilla, Claudio Silva, Pablo Hirsh, David Herrera, Octavio Vásquez.

Me equivoqué. Había informado que el recorrido total sería de 70-80 kms, pero subestimé por mucho la distancia. Estando en la cima, Claudio Silva vió un letrero "Empanadas"...

"¡Que bueno que llegamos! Vamos a comprar empanadas."
Todos a coro: "No viejo, recién estamos a mitad de camino"


Por fin Curacaví y las empanadas:


Yo dije que las empanadas son espectaculares y aún lo sostengo, aunque Pablo diga que no fueron ninguna maravilla. ¡Claro, si es la primera vez que sale en moto a buscar empanadas!. Él no ha tenido que mascar empanadas añejas, recocidas o quemadas en algún pueblucho perdido. Nooo... la atención fue de maravilla, bien servido, el pebre exquisito. Si hasta los cafés corrieron por cuenta de la casa.

Como guía electo se me consultó dónde comprar los característicos dulces de Curacaví. Recordé que en un paseo anterior mi esposa había comprado pasteles en la calle O'higgins por la vereda sur. Dirigí al grupo a los Dulces Millahue... entraron todos pero yo me quedé afuera cuidando las motos. A los segundos salen todos levantando los brazos:

"¡Güüüeeeeennnnaaa la picá!"
"$650 por cada pastelito"


Así que seguimos hasta el siguiente letrero de pastelitos. El "local" era una humilde casa de campo típica con puertas de vidrio. En esta ocasión entré yo primero a preguntar el precio: $400 por una bolsita con 6 pastelitos.

Mientras esperábamos a los espontáneos compradores, David subió la moto a la vereda, Jorge detuvo su moto atrás de la de Claudio, y Pablo estacionó al lado de la mía. Por algún extraño motivo -aún sin explicación- Pablo descendió por el lado derecho -desafiando una recomendación pretérita dada por este servidor, que ya ha pasado por situaciones igual de vergonzozas-, perdió el equilibrio y la moto le cayó encima. Traté de levantar la moto pero no pude. Creo que Claudio Silva nos brindó la fuerza restante para poder quitar la moto del pie de Pablo.

"¿Qué te pasó Pablo?"
"Ehm... no sé... me ahuevoné no más"

En eso miro mi moto y veo mi patente colgando solo de un remache. Maldita patente trasera... Malditos remaches que afirman la patente trasera. Mejor la saqué y guardé en la mochila.

David notaba su moto dispareja, con un ralentí bajo. Le recomendé que la acelerara un poco más, ya que al ser de 2 tiempos y al haber recorrido más de 60 kms a una velocidad baja, tal vez la bujía se había empastado. Si claro... olvidó que los motores funcionan con combustible.


Volvimos a la cuesta.

Inicialmente el neumático trasero de la GXT resbalaba al doblar una esquina simultáneamente al rebajar un cambio. Con los días -y kms recorridos- comencé a sentir mejor agarre, lo que ya me daba un poco más de confianza en curvas. De todos modos, ya estaba evaluando cambiar los neumáticos originales por unos Metzeler mixtos.

Como noté a los novatos más confiados, de regreso la subida a la cuesta fue más adrenalínica. Cada cual debía seguir su ritmo, de hecho Jorge nos había advertido: "olvídense de mi...".
Comencé a subir a 60-70 k/h, pero al sentir buen agarre en las primeras curvas apliqué más acelerador. Evaluaba cada curva antes de tomarla: si era muy cerrada tenía que tumbar más la moto y, probablemente, el cuerpo con ella, dar un toque al freno, bajar un cambio, entrar a la curva, inclinar la moto y comenzar una suave pero decidida aceleración para sentir como los neumáticos van adhiriéndose al pavimento. Una rápida mirada al velocímetro: 80-90 km/hr. La suspensión mantuvo en todo momento la rueda trasera en contacto al piso, así que no sentí en instante alguno -a pesar de las junturas del cemento o las irregularidades del asfalto- que haya perdido adherencia.

Llegué a un mirador, luego me alcanzó Claudio en su Jianshe y posteriormente Claudio en su Spitz Custom. Prendimos un cigarro, esperamos a los demás, pero tardaban demasiado. El casco que había dejado sobre el asiento de pronto "voló" con el viento reinante. Bajé a ver qué ocurría con los otros, y me los encontré a la sombra de un árbol verificando si tenían chispa en la bujía de la Kawasaki. ¿Tiene bencina? ¿estás seguro? Pregunté insistentemente. Efectivamente se había quedado sin combustible. El dadivoso Jorge -Felicitaciones Amigo. Demostraste una vez más tu inigualable camaradería- le convidó medio litro de su máquina. David la mezcló con el aceite 2T y emprendimos la marcha.




Otra vez David en pana. En esta ocasión el generoso fue Claudio:


Y para terminar el paseo, una corta visita al Cerro Chena:



4 comentarios:

Andrés Reitze dijo...

Amigo Mío,
Buenísimo su relato, lástima que no pude acompañarlos, si gustas, en este fin de semana largo, nos podríamos juntar para poder dar unas vueltas más por Curacaví y pasar luego a esas increíbles empanadas que me has recomendado y que toda mi familia ha disfrutado y alabado.
PD: cambiate a pirelli MT60, 55 lukas el par, los metzeler son buenísimos, pero mucho más caro y no vale la pena.

ARV.-

Pablo dijo...

creo que hay que hacer otro viaje en busca de la empanada "ferpecta"

Jorge dijo...

los dulces estaban ricos jaja

Anónimo dijo...

puedo acotar por lo leido un viaje lleno de placer quizas estoico y/o hedonista, bastante peculiar tu manera de relatar, pero interesante, pareciese un vije sin mayores problemas, divertido, grato, lleno de comida, cigarrillos, paisaje bello, y pos sobre todo fuera de algun tipo de peligro o mejor dicho trajedia, es un viaje digno de ser repetido.....me despido con una gran risa, pues por lo que suena el viaje ha sido pero espectacular, y para que decir de las empanadas y pastelitos....jajajaja muy bueno....hasta pronto cuando pueda pasare por tu lugar de trabajo para charlar....bastian