sábado, marzo 22, 2008

¡Me ahorré el peaje!

Ayer me encontrataba en un estado de letargo: la noche anterior me había acostado cerca de las 4 am compartiendo una cerveza con mi gran amigo pablo y luego me dediqué a trabajar en un notebook. Almorcé tarde, me tiré en la cama a ver tele un rato y tal vez dormir una siesta, pero el calor y el tedio me lo impidieron, sumado a que pasé por el canal E! y me encontré con "Los 101 secretos de Hollywood" o algo por el estilo, donde estaban pasando que Sylvester Stallone había iniciado su carrera como actor porno. Oh! Aunque no soy de esas personas interesadas en la farándula, que el Rocky que recordaba de mi infancia haya sido pornostar me resultaba -por decir lo menos- extravagante.

En eso me llama Andrés: "Oye loco, me voy a pescar a la playa, toda la noche, regreso mañana, tal vez punta de tralca o tunquén... te aviso. Voy ya en la carretera"
Me quedé un rato meditando en la "invitación". Me resultaba particularmente atractivo ir a tunquén en la moto, ya que me permitiría practicar algo de offroad, armar carpa y pernoctar en la playa, y principalmente aprovechar en algo este fin de semana.

Tardé media hora en decidirme. Tomé la mochila, un saco de dormir, una colchoneta de goma eva, la carpa chica, una camppillow y linterna. Nada más. Mi esposa me recomendó que llevara un chaleco o algo abrigador, le encargué a mi hija mayor que me trajera del clóset un polerón, pensé también en hechar a la mochila el forro térmico de la chaqueta de cordura. El sopor estaba apoderándose de mi, nublando el sano criterio: hace calor, no quiero subir al segundo piso a buscar nada. Mejor me voy pronto antes que me arrepienta y me gane la flojera.

Tomé camino catemito para seguir por el camino calera de tango-malloco. Estuve atento a detenerme para comprar una botella de agua mineral, pero en mi búsqueda de pronto me encontraba muy encima con alguna botillería, así mi pereza triunfó dándome una flojera tremenda tener que devolverme aunque fuera un par de metros. Pensé en el pronto-copec de la autopista del sol, pero recordé que en una vez pasada tuve que comprar agua marca Vital que no es de mi agrado. Sigo un poco más adelante del empalme con la autopista y compraré en malloco.

Cuando llegué al cruce de malloco con camino a melipilla (el antiguo) vi dos botillerías... mejor sigo hasta peñaflor, no tengo ganas de entrar todavía a la autopista, no tengo apuro en llegar, así que me iré por la cuesta mallarauco aunque sea un par kilómetros más largo quiero disfrutar el paseo, no estresarme todavía con los enlatados que -de seguro- irán desesperados en la carretera. De pronto podría tomar camino hacia maría pinto para desviarme hacia la cuesta ibacache, que días antes había revisado en GoogleEarth. Finalmente opté por mallarauco-bollenar-melipilla. Ya ni recordaba la última vez que había cargado bencina, entonces habría sido estúpido alejarme tanto.

Primera parada: casi la cima de la cuesta mallarauco. A diferencia de otras veces donde pongo a prueba mi capacidad de tumbar la moto en curvas, en esta ocasión me comporté como un caballerito, tomando las curvas a una velocidad tan prudente como para un anciano, aunque había un motivo técnico también, en toda la subida la cuesta tenía una línea de aceite derramado, así que lo evité al máximo, y las veces que tuve que pasar por sobre el aceite lo hacía con la moto completamente recta. La bajada estaba limpia así que ahí apliqué un poco más de tensión al paseo.
Seguí por el camino recto a unos 90 k/h hasta bollenar. Tomé el camino que une maría pinto con melipilla hacia el sur, justamente con dirección a melipilla. Esto de andar a 90 k/h en un camino rural de poco tránsito, adelantado a todos los tractores, micros, camionetas y autos me comenzaba a agradar. Mis 200cc me impiden percibir esa sensación el la autopista, donde soy yo el lento al que todos adelantan.

De pronto vi un letrero que indicaba hacia Pomaire. Rápidamente revisé mapamental y comencé a ubicarme en él. Bajé la velocidad, miré hacia la izquierda y vi un camino de tierra justamente en dirección a Pomaire donde un motociclista iba en su enduro. ¿Y si lo sigo? No se cuanta bencina me queda, no lleno hace días, llevo varios kilómetros, no se cuanto falta para una bencinera, así que mejor sigo como estaba planeado hasta melipilla para cargar combustible y comprar mi ansiada cachantún.

Un par de curvas, disminución de velocidad, y de pronto un paso sobrenivel. Alcancé a ver un letrero a la derecha indicando "Clínica Maitenes". Esa clínica recuerdo haberla visto en mis múltiples viajes a la playa en la "caletera" de la autopista del sol, un par de kilómetros después del peaje troncal. Nuevamente revisión al mapamental, asumiento que debía estar pasado el peaje... Recordé que el domingo pasado alguien me contó que el peaje lo estaban cobrando a $1200 (el doble de lo habitual) durante los fines de semana. ¿Y si logro saltarme el peaje? Los 20 kms extra por la cuesta mallarauco bien habrían valido la pena. ¿Pero como tan miserable? No, no importa. Esto será justicia divina: me sacan plata por todos lados, me roban en las autopistas, me cobran un disparate por circular, ¡ahora es mi oportunidad de cagármelos! Les usaré la mitad de su autopista y no les pagaré niún peso. Eso les pasa por cobrar el doble... ambiciosos!

Siguiendo por el paso sobre nivel miré hacia la izquierda: allá a la distancia estaban las casetas de la plaza de peaje, y un poco más acá el sector de "palomitas de melipilla". El mapamental estaba completo y el gpsmental habían funcionado perfecto.

Avancé un par de cuadras por un sector -que se notaba- antiguo en melipilla. Cargué bencina: 7,85 litros, o sea que estaba a 150cc de entrar en reserva. Compré mi agua mineral, le mandé un mensaje a Andrés, me di cuenta que ya no tenía saldo en el celular ni batería suficiente. Me puse el casco, los guantes, y RING! Erá él. "Llámame cuando llegues", "no puedo porque no tengo plata ni batería suficientes". "¿dónde nos juntamos?", "en el lado norte de El Quisco, justo donde comienza la subida", "OK, nos vemos en una hora más, a las 20:30".

Me devolví, pasé por sobre la autopista siguiendo el pasonivel, doblé a la izquierda hacia la clínica maitenes asumiendo que en algún punto la "caletera" debía tener una entrada a la autopista. La caletera pavimentada duró sólo hasta la clínica, y después se convirtió en un tortuoso camino que me obligó a bajar mi ritmo de 90 k/h a apenas 40 k/h. Seguí avanzando, buscando una forma de cruzar la alambrada que me separaba de la autopista, pero sólo vi un par de pasos peatonales de unos escasos 70cms de ancho. Se me acabó la caletera de tierra, hoyos y piedras, así que me quedaban dos opciones: o me devolvía hasta el peaje troncal de melipilla, o buscaba la forma de cruzar una acequia seca y pasar la moto por el paso peatonal "más ancho" que había visto.

Para cruzar la acequia recogí un trozo de escalera que encontré botado, la que usé a modo de puente. Conseguí pasar la moto hasta que llegué a la puerta peatonal. Puse un palito para sostenerla abierta, apunté la moto, comparé el tamaño del manubrio respecto al ancho de los pilares del enrejado y me di cuenta del problema de ingeniería que me esperaba: ¿cómo cruzar una moto con un manubrio de 1 metro en una puerta de 70cms?

Apagué el motor, puse la moto en neutro, la tomé por el lado izquiero, la acerqué a la puerta, avancé algunos centímetros cuidando de no raspar nada, crucé el lado izquierdo del manillar girando el manubrio, ahora incliné la moto hacia mi lado para girar el manubrio hacia el otro lado, me apreté las gónadas sin posibilidad de liberarme porque quedé entre la moto y el pilar de la puerta... ¡dolor! Avancé la moto, ambos pedalines retráctiles subieron contra los pilares, pasé adelante y finalmente halé la moto con ambas manos. ¡Misión cumplida! ¡¡ Me ahorré el peaje !!

Al llegar al cruce Malvilla comencé a sentir un profundo frío. Ahí recordé que no traía nada más que la chaqueta para protegerme. Comencé a internarme en una neblina espesa y fría. Llegué al Quisco 15 minutos después de lo acordado, con un frío indescriptible.

Estuve con Andrés hasta las 11pm, hora en que deseché la idea de acampar en la playa Las Cruces porque no estaban dadas las condiciones de seguridad para dejar la moto a cerca de la carpa, porque no tenía equipo suficiente para soportar el frío, y porque -como veía las condiciones climáticas- era muy probable que lloviera, así que preferí devolverme.

Tardé escasos 75 minutos en llegar a mi casa (ni en auto demoro tan poco) manteniendo una velocidad constante de 100 k/h. No me detuve en ninguna parte, excepto en el peaje los 20 segundos que tardé en pagar. No bajé la velocidad ni siquiera cuando tuve que cruzar una espesa neblina entre el inicio de la autopista y Leyda, tramo donde tuve que aguantarme el frío con la mica del casco abierta para alcanzar a "ver algo".

Llegué a casa solamente a tomar un café caliente.

1 comentarios:

durandal dijo...

Pues esos son los mejores paseos. Siempre flexible; no tiene sentido pasarlo mal pudiendo volver tan fácilmente.

Yo conozco esa neblina a 100 km/h. Es horrible. Hace unos años fui a viña con una chica, y volviendo, me tocó. Era otoño. Ella, no andaba tan mal, porque iba detrás. Yo sí la pasé mal.

Y lo tuve que repetir otra vez dos días después, en un paseo de la Adach. Me fui con DKid por la 68, en formación de auto, con los señalizadores opuestos prendidos. A veces tuvimos que bajar a 40 km/h... miedito, y mucho frío.

d.